29 de agosto de 2026

La Ciencia de la historia

Charles Mortet, c. 1920. Fotografía de Louis Fréon. Archivo de la École nationale des chartes.


“La reconstrucción histórica supone que el historiador reúna cualidades intelectuales y morales destacadas. 

Ya de por sí, cuando se trata únicamente de determinar hechos aislados, el estudio y el análisis crítico de los documentos exigen precisión, sagacidad, criterio, lógica, así como una gran variedad de conocimientos.

Exigen también, para contrarrestar la costumbre generalizada de conformarse con aproximaciones y de afirmar sin razones suficientes, una dosis poco común de valor, franqueza y abnegación.”

 

Charles Mortet

La Science de l’histoire. 

París, 1894.


27 de agosto de 2026

Wilhelm von Humboldt y el País Vasco en 1800

El Musée Basque et de l'histoire de Bayonne ha inaugurado el pasado 10 de julio la exposición "Un monumento de respeto y de amor. Wilhelm von Humboldt y el País Vasco en 1800", organizada junto con la École supérieure d'art Pays Basque y con el apoyo de Euskampus Fundazioa, que podrá ser visitada a lo largo de todo el segundo semestre de este año y hasta el próximo 10 de enero.


La visita del aristócrata, filósofo, lingüista y diplomático prusiano Wilhelm von Humboldt (Postdam 1767- Tegel 1835) a tierras vascas de ambos lados de la frontera se realizó en dos ocasiones, con motivo del viaje que realizó a Madrid en 1799 y a su regreso en 1801, apasionándose por este territorio, su lengua y sus gentes. En tierras vascas estuvo en el otoño de 1799 y a su regreso de Madrid, entre abril y junio de 1801, constituyendo un episodio poco conocido que ha pretendido ser puesto en valor mediante esta exposición. 

Solamente una pequeña parte de los estudios de Humboldt sobre los vascos fue publicada durante su vida en las dos obras tituladas: Berichtigungen und Zusätze zum ersten Abschnitte des zweyten Bandes des Mithridates über di Cantabrische oder Baskische Sprache (Berlín. Voss, 1817) y, la más conocida, Prüfung des Untersuchungen über die Urbewohner Hispaniens vermittelst des Vaskischen Sprache (Berlín. Ferdinand Dümmler, 1821), que fue traducida al francés en 1866, con el título de Recherches sur les habitants primitifs de l'Espagne à l'aide de la langue basque (París, Librairie A. Franck, 1866). En esta última obra, traducida al español en 1879, Humboldt desarrolló su tesis del vasco-iberismo, según la cual, la lengua vasca antigua estaría emparentada con la lengua ibera de las poblaciones prerromanas de España. 



Humboldt no llegó a terminar el proyecto sobre los vascos que concibió después de su viaje de estudio de 1801, una gran monografía que reuniera sus observaciones etnográficas, históricas y lingüísticas, además de una gramática y un diccionario. Como obra póstuma, su viaje de 1801 fue considerado en un texto del filósofo e historiador alemán Albert Leitzmann, publicado en 1920 con el título de "Die Vasken, oder Bemerkungen auf einer Reise durch Biscaya und das französische Basquenland im Frühling des Jahrs 1801", (en Wilhelm von Humboldts Gesammelte Schriften, Band XIII Nachträge, Berlín. B. Bher's Vertrag, 1920, pp. 1-196).

La exposición que presenta el Musée Basque et de l'histoire de Bayonne ha sido organizada a partir del texto de viaje de Wilhelm von Humboldt a tierras vascas en la primavera de 1801 y en ella se invita a descubrir a Humboldt y esta área geográfica en 1800, a través de su propio testimonio. Como prueba excepcional, el museo conserva una muestra preciosa del primer paso de Humboldt por tierras vascas, gracias a una serie de dibujos de Alexandre Millin Duperreux (1764-1843) que retrataron a Wilhelm y su esposa en los Pirineos, justo antes de su travesía por este territorio.

Además, otra serie de documentos se exponen en las diferentes secciones que forman la exposición, a lo largo de siete salas, en las que se presenta a Humboldt, su obra y su familia; las fuentes documentales en las que se inspiró, como la cartografía de la época y las obras escritas, así como obras pictóricas, fotografías y objetos.

Más información en este enlace.


6 de agosto de 2026

Revolution 250: America's Independence Story 1763-1783

Los National Archives situados en Kew, Londres, presentan la mejor exposición que ha sido organizada fuera de Estados Unidos, desde el punto de vista archivístico e histórico, sobre el 250 aniversario de la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América

La exposición, que presenta la Revolución desde una perspectiva británica, se ha construido sobre documentos originales con los que Londres gobernó las Trece Colonias y expone piezas extraordinarias, como un raro ejemplar de la Declaración de Independencia impresa por John Dunlap en Filadelfia el 4 de julio de 1776, además de la Tea Act de 1773, la Proclamación de Rebelión de Jorge III de 1775, el Olive Branch Petition (Petición de la Rama de Olivo) de 1775 y documentos del Tratado de París. 

Por ello, para conocer cómo vivió y documentó Gran Bretaña la pérdida de sus colonias, esta exposición es difícilmente superable y además, incorpora la experiencia de indígenas, lealistas negros y personas esclavizadas, ofreciendo una visión más amplia del conflicto. Todo ello hace que Revolution 250 sea una exposición de investigación, más que una exposición de tipo conmemorativo.


National Archives, Londres.

La muestra reúne una serie de documentos de primera importancia que protagonizaron los veinte años del proceso que dio lugar a la independencia, provenientes de las colecciones de los National Archives, The National Maritime Museum, en Greenwich, The British Library Trust, la Parliament's Archive Collection y la UK Government Art Collection. Es necesario mencionar también la destacada contribución de los siguientes especialistas en este periodo histórico: Betty  Lyons (presidenta y directora ejecutiva de American Indian Law Alliance); Sandy Bigtree (Miembro del Board of Indigenous Values Initiative y de la American Indian Alliance); Dr. Philip Arnold, Profesor de Religión y Estudios Indígenas Americanos en la Universidad de Siracusa (Nueva York), presidente de Indigenous Values Initiative y patrono del Black Loyalist Heritage Center, en Nueva Escocia.

Cronológicamente y documentalmente, la exposición comienza por el Tratado de París de 1763 que puso fin a la Guerra de los Siete Años (1756-1763). Norteamérica fue un destacado escenario del conflicto y Gran Bretaña y Francia lucharon por su control, apoyadas por sus aliados indígenas. El éxito británico en la guerra le permitió negociar el control de una gran extensión del territorio norteamericano, incluyendo Canadá y los Grandes Lagos, hecho que marcó el inicio de una nueva era en el imperialismo británico.

Los nuevos territorios de Norteamérica podrían generar beneficios para Gran Bretaña, pero solamente si se realizaran inversiones adecuadas y estuvieran bajo su protección. Para disuadir a Francia y España de amenazar a las Trece Colonias y Canadá, Gran Bretaña necesitaba mantener una fuerte presencia en Norteamérica. 

Las tropas debían también mantener el orden entre los colonos y estos fueron puestos bajo un férreo control que limitó su autonomía para obtener ingresos y recursos. El Parlamento británico les exigió que pagaran una parte importante de los gastos de su propio gobierno y defensa, por lo que algunos líderes y pensadores coloniales comenzaron a cuestionar la verdadera relación que existía entre Gran Bretaña y América.

Boston era el mayor puerto comercial que conectaba las colonias de Norteamérica con los puertos del oeste de Gran Bretaña, como Bristol, Liverpool y Glasgow y muchos bostonianos eran comerciantes y marineros. Por ello, se trataba de personas en continuo movimiento y fuertemente celosos de sus  intereses comerciales marítimos. Debido a la promulgación de cinco leyes aprobadas por el Parlamento británico en 1867, conocidas como las Townshend Acts, que imponían impuestos a los productos cotidianos importados desde América para financiar a los funcionarios británicos y mantener el control, los bostonianos transformaron Boston en un foco de descontento y resistencia a la dominación británica. 


Declaración de Independencia impresa por John Dunlap, 1776, National Archives.

La exposición realiza un recorrido por este proceso histórico a través de los más importantes documentos que fueron protagonistas de estos acontecimientos, que concluyen con el Tratado de París de 1783, por el que Gran Bretaña reconoció oficialmente a los Estados Unidos de América y abandonó su reclamación de soberanía sobre las Trece Colonias.

Como consecuencia, entre 60.000-80.000 leales a Gran Bretaña dejaron Estados Unidos tras la guerra, transportando a 15.000 esclavos con ellos y pasaron a establecerse en Nueva Escocia, el Caribe, Canadá y Gran Bretaña, siendo uno de los mayores movimientos de población que tuvo lugar en el siglo XVIII.

Más información sobre esta imperdible exposición en este enlace.


2 de agosto de 2026

Tejiendo la vida cortesana. Tejidos y bordados de las colecciones reales

Tejiendo la vida cortesana. Tejidos y bordados de las colecciones reales, es la exposición que presenta actualmente la Galería de las Colecciones Reales en Madrid, comisariada por Pilar Benito García, Lourdes de Luis Sierra y María Barrigón Montañés. En la exposición, que podrá ser visitada hasta el próximo 12 de octubre, se exponen por primera vez muchas piezas de las colecciones reales.

La colección de textiles de Patrimonio Nacional se encuentra entre las más importantes del mundo. Está formada por tejidos, bordados, pasamanería y encajes que acompañaron la vida de los reyes españoles y sus familias desde la Edad Media, contribuyendo a difundir su imagen personal y a crear una escenografía cortesana que se desarrollaba en los diferentes espacios de los palacios y con distinta funcionalidad. 

La exposición está organizada en varias secciones temáticas que convierten a los tejidos en protagonistas, presentando un conjunto excepcional de textiles que formaron parte de la vida de la corte en la representación del poder, las ceremonias, los espacios privados y los oficios que los hacían posibles, revelando el extraordinario papel que desempeñaron en la vida palaciega. 

Dosel realizado por Juan López de Robredo en 1795 para el rey Carlos IV

El recorrido pone de manifiesto que los textiles no eran simples objetos de decoración. Los cortinajes, colgaduras, tapices, alfombras, colchas, cojines o doseles, entre muchos otros de diferente tipología, constituían un auténtico lenguaje de representación del poder y del prestigio de la Corona. 

Uno de los aspectos más interesantes es comprobar cómo cada estancia del palacio tenía identidad propia gracias a los textiles. Los salones destinados a ceremonias estaban revestidos con ricos damascos, terciopelos y bordados de oro y plata, mientras que las habitaciones privadas mantenían el mismo refinamiento, aunque con un carácter más íntimo.

La exposición también muestra la estrecha relación entre el tejido y el ceremonial cortesano. Las grandes celebraciones, audiencias, matrimonios, bautizos o funerales exigían una completa puesta en escena en la que los textiles desempeñaban un papel esencial.

Otro de los ejes del recorrido está dedicado a los bordados. La riqueza de los diseños, la calidad de los materiales y la extraordinaria habilidad de los artesanos convierten muchas de estas piezas en auténticas obras de arte, comparables a las manifestaciones de las artes decorativas europeas.


Muestras de telas y tapicerías bordadas con motivos heráldicos

La exposición explica igualmente el trabajo desarrollado por los talleres y oficios del Palacio. Detrás de cada pieza había un equipo especializado de bordadores, tapiceros, costureros, pasamaneros y restauradores, encargados de crear y conservar este patrimonio tan valioso.

Uno de los grandes atractivos de esta exposición es la variedad de objetos reunidos. No solo hay grandes colgaduras o tapices, sino también prendas de vestir, accesorios, piezas de mobiliario y otros textiles que ayudan a entender la vida cotidiana de la corte desde una perspectiva poco conocida. El recorrido también nos hace reflexionar sobre la fragilidad de estos materiales. La seda, el lino, la lana o los hilos metálicos necesitan una conservación muy cuidadosa, lo que hace que muchas piezas apenas se puedan mostrar al público.

Más allá de su belleza, los tejidos ayudan a entender la evolución del gusto artístico, las modas de la corte, las relaciones internacionales y el alto nivel técnico que alcanzaron los talleres que trabajaban para la monarquía española a lo largo de los siglos. Por ello, la exposición demuestra que los tejidos fueron mucho más que un simple adorno: fueron una parte esencial del ceremonial, de la representación del poder y de la vida diaria en los palacios reales.

Más información en este enlace.