La cultura es sangre que siempre da alcurnia y nobleza al hombre". P. José María de Arizmendiarrieta.

12 de septiembre de 2021

El Libro de la Patria

Desde fines del siglo XIX, España fue mostrando cada vez más su debilidad militar frente a diferentes países que disputaban sus territorios. En 1898, la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas fue un enorme varapalo a la autoestima nacional, que continuó decayendo a lo largo de las siguientes décadas y recibió el golpe de gracia en 1921 con el desastre de Annual, batalla librada en la guerra del Rif en la que el ejército español sufrió más de diez mil bajas humanas. A todo ello venía a sumarse el cada vez más conflictivo nacionalismo catalán, que se había convertido en una seria amenaza para la integridad nacional.

César Silió Cortés
 

El titular del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, entre agosto de 1921 y marzo de 1922 fue el conservador don César Silió Cortés (1865-1944), quien nada más llegar al Gobierno de Maura presentó a Alfonso XIII un proyecto de ley que fue aprobado el 9 de septiembre de 1921, disposición legislativa que pretendía inculcar desde la infancia a través de la educación escolar el concepto de Patria. El fin que perseguía el ministro era que los niños aprendieran a amar la tierra en la que habían nacido y donde vivían y que sintieran el impulso de servirla, forjando así el espíritu nacional. Silió expresaba la necesidad de arraigar en el entendimiento y en el corazón del niño desde la escuela los conceptos que le llevaran a amar la Patria "admirándola y comprendiéndola, sabiendo amarla con visión geográfica e histórica" y brindando a los niños una visión completa, no solo del pasado y del presente sino de los tiempos venideros, y que encerrara todas las realidades de la vida nacional.

Para conseguir este fin, el ministro creía que no había ningún medio más eficaz que la lectura de obras en las que fueran presentados los hechos gloriosos de nuestros mayores, las aportaciones de España al progreso mundial y las principales realidades de la vida del tiempo en el que vivían. Ponía como ejemplo a Francia e Italia, donde esta clase de pedagogía moralista había tenido éxito, incubando el patriotismo en los niños en la escuela, ejemplo que también debía seguir España.

Para ello propuso que se convocara un certamen para concurrir al "Libro de la Patria", donde se presentaran los autores  con sus obras que dieran a conocer a los niños lo que era y representaba España y que hicieran amar a su país. La obra ganadora se declararía de texto y lectura obligatoria en todas las escuelas nacionales, recibiendo un premio de 50.000 pesetas y 25.000 pesetas la que quedara en segundo lugar. Para su concesión se conformaría un jurado de siete miembros que elegirían a su presidente, procedentes de las Reales Academias de la Lengua, de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas, un consejero del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, un catedrático de la Universidad Central, un profesor de la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio y un periodista en representación de la Asociación de la Prensa. Las cantidades necesarias para el cumplimiento del Real Decreto serían consignadas en los presupuestos de este Ministerio.

Al certamen fueron presentados 63 trabajos cuyos autores no se dieron a conocer y algunos llevaban títulos tan sugerentes como: "España, sobre todo", "El salvamento de la civilización está en España", "Todo por la Patria", "Hidalguía", "La Patria es nuestra madre", "España se llama mi noble nación", "Por la Patria y por la verdad", "Es dulce y bello morir por la Patria", "Alma española", "El honor patrio español" y "Todo amor es pequeño para nuestra España", entre muchos otros del mismo estilo.

La misión de Silió el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes fue efímera, ya que el 1 de abril de 1922 la cartera pasó al conservador don Tomás Montejo y Rica. Durante su mandato continuó adelante la convocatoria del certamen, nombrando a los miembros del jurado calificador y ampliando el plazo para que emitiera su informe hasta el 15 de febrero de 1923. Una vez terminado este plazo, se conoció que el premio había quedado desierto por una Real Orden del 27 de marzo de 1923; el informe emitido indicaba que ninguno de los trabajos presentados reunía las condiciones requeridas, pero reconociendo que entre ellas había algunas obras verdaderamente estimables. Sin embargo, lo cierto es que el certamen tuvo que deshacerse por no haber sido aceptada la partida incluida en el presupuesto del Ministerio por ser considerada ilegal, lo que provocó que en la prensa se dedicaran amplias críticas al ministro Silió y a quienes habían participado en la creación de este certamen, proponiendo incluso que fueran indemnizados quienes se habían presentado al mismo.


Durante los siguientes años fueron publicados en España algunos de los trabajos presentados a este certamen y surgieron otros desarrollados bajo el mismo concepto. Entre ellos y para servir de ejemplo, quisiera citar el titulado: La Patria española: Libro de lectura para las escuelas, propio para desenvolver en el corazón de los niños el sentimiento patrio, obra del pedagogo don Ezequiel Solana (1863-1931), que fue publicado en seis ediciones desde 1928. El autor defendía que para que llegaran a la mayor parte de los niños los libros que despertaran en ellos el amor a la patria, era necesario que estos pudieran ser adquiridos con facilidad cuidando la forma literaria, las ilustraciones y la elegancia, pero sin olvidar conceptos como la sencillez y baratura.

Esta curiosa obra, representativa de una época y de un sistema pedagógico que tuvo amplia aceptación en Europa, puede ser descargada en este enlace.