La cultura es sangre que siempre da alcurnia y nobleza al hombre". P. José María de Arizmendiarrieta.

25 de junio de 2014

La novela histórica y Blas de Lezo

Los historiadores nos sentimos a veces como don Quijote, luchando contra los molinos de viento y es que casi de nada sirven los cientos de horas de estudio, de investigaciones entre legajos, viajes y otras tareas a las que nos debemos dedicar para ofrecer una información documentada en una gran cantidad de fuentes históricas.

Entre los enemigos contra los que tenemos que luchar se encuentra uno que avanza a pasos agigantados y se trata de la mal llamada “novela histórica”, ya que de histórica suele tener muy poco.

Una parte de los lectores de este género literario, no tiene el discernimiento suficiente para distinguir lo que en estos trabajos hay de verdaderamente histórico y lo que hay de imaginario o inventado. Por ello, el peligro de que estas informaciones sin base histórica se difundan entre la sociedad es muy grande, llegando incluso a ser citadas como verídicas y con el paso del tiempo quedar como tales.

Me centraré en el caso de la figura de D. Blas de Lezo y Olabarrieta, que ha tenido en los últimos años un resurgir en la sociedad y han aparecido algunos trabajos de historia bien documentados, a la vez que novelas históricas con informaciones disparatadas.  Quisiera desmontar una de las informaciones que se están dando como ciertas, incluso por instituciones oficiales y que no lo son, proporcionadas y difundidas a raíz de la publicación de estas novelas.

D. Blas de Lezo y Olabarrieta no fue a Cartagena de Indias con su familia. Los hijos de D. Blas de Lezo quedaron con su mujer Josefa Mónica Pacheco en el Puerto de Santa María, donde vivían desde 1736. Blas de Lezo partió para Cartagena de Indias el 3 de febrero de 1737 pero una de las pruebas de que su mujer e hijos no fueron con él -como se indica frecuentemente- es que su última hija, Ignacia Antonia Josefa Agapita, nació al mes siguiente de su partida en el Puerto de Santa María, el 16 de marzo de 1737 y fue bautizada en su Iglesia mayor prioral el 18 del mismo mes. El único padrino de este bautismo fue, además, el primogénito de D. Blas de Lezo que fue D. Blas Fernando, hermano entero de la bautizada y futuro I marqués de Ovieco. Los libros de bautismo de esta iglesia han desaparecido, pero por suerte, he podido consultar la copia de esta partida de bautismo, al igual que otros documentos que avalan esta separación familiar. Existe también documentación sobre los efectos y caudales que por muerte de D. Blas de Lezo habían quedado en Cartagena de Indias y de cuyo cobro estaba encargado un vecino de Cádiz. 

El tomar en consideración la información proporcionada por estas novelas históricas ha llegado tan lejos, que el 12 de marzo de 2014 se inauguró en Cádiz, en  el Paseo de Canalejas, un monumento dedicado a D. Blas de Lezo que se ha considerado como el primer monumento dedicado al marino en España. Sin embargo, esto tampoco es cierto, ya que la fachada de la Diputación Foral de Guipúzcoa expone entre otras 4 figuras de héroes guipuzcoanos del escultor Marcial Aguirre, el busto de D. Blas de Lezo, que terminó este escultor en 1883. 

Lo que me parece más grave es que en el pedestal de la estatua inaugurada en marzo de este año en Cádiz, se ha grabado una inscripción sobre unas supuestas palabras que D. Blas de Lezo dijo a su esposa al morir. A su muerte en Cartagena de Indias, no se encontraba Blas de Lezo con su familia, por lo que difícilmente doña Josefa Mónica Pacheco pudo asistirle al morir. Esta inscripción que se ha colocado en el pedestal de la estatua de Cádiz, ha sido copiada literalmente de una conocida novela histórica sobre D. Blas de Lezo.

La inscripción es como sigue:

“…Dile a mis hijos que morí como un buen vasco, amando y defendiendo la integridad de España y del Imperio, gracias por todo lo que me has dado mujer (…) ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!”.

Es sorprendente cómo los responsables de haber erigido un monumento con dinero público no hayan realizado previamente una labor de asesoramiento histórico y dejen grabadas para la posteridad en el pedestal de una estatua unas palabras atribuidas a D. Blas de Lezo, que nunca fueron por él pronunciadas.

¡Un poco de seriedad y de respeto por la historia, por favor!