Tejiendo la vida cortesana. Tejidos y bordados de las colecciones reales, es la exposición que presenta actualmente la Galería de las Colecciones Reales en Madrid, comisariada por Pilar Benito García, Lourdes de Luis Sierra y María Barrigón Montañés. En la exposición, que podrá ser visitada hasta el próximo 12 de octubre, se exponen por primera vez muchas piezas de las colecciones reales.
La colección de textiles de Patrimonio Nacional se encuentra entre las más importantes del mundo. Está formada por tejidos, bordados, pasamanería y encajes que acompañaron la vida de los reyes españoles y sus familias desde la Edad Media, contribuyendo a difundir su imagen personal y a crear una escenografía cortesana que se desarrollaba en los diferentes espacios de los palacios y con distinta funcionalidad.
La exposición está organizada en varias secciones temáticas que convierten a los tejidos en protagonistas, presentando un conjunto excepcional de textiles que formaron parte de la vida de la corte en la representación del poder, las ceremonias, los espacios privados y los oficios que los hacían posibles, revelando el extraordinario papel que desempeñaron en la vida palaciega.
Dosel realizado por Juan López de Robredo en 1795 para el rey Carlos IV
El recorrido pone de manifiesto que los textiles no eran simples objetos de decoración. Los cortinajes, colgaduras, tapices, alfombras, colchas, cojines o doseles, entre muchos otros de diferente tipología, constituían un auténtico lenguaje de representación del poder y del prestigio de la Corona.
Uno de los aspectos más interesantes es comprobar cómo cada estancia del palacio tenía identidad propia gracias a los textiles. Los salones destinados a ceremonias estaban revestidos con ricos damascos, terciopelos y bordados de oro y plata, mientras que las habitaciones privadas mantenían el mismo refinamiento, aunque con un carácter más íntimo.
La exposición también muestra la estrecha relación entre el tejido y el ceremonial cortesano. Las grandes celebraciones, audiencias, matrimonios, bautizos o funerales exigían una completa puesta en escena en la que los textiles desempeñaban un papel esencial.
Otro de los ejes del recorrido está dedicado a los bordados. La riqueza de los diseños, la calidad de los materiales y la extraordinaria habilidad de los artesanos convierten muchas de estas piezas en auténticas obras de arte, comparables a las manifestaciones de las artes decorativas europeas.
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