17 de octubre de 2026

Día Garcilaso

En el marco del Festival Renacen 2026 y organizado por la Compañía Garcilaso, se celebró ayer en el auditorio de la Fundación Lázaro Galdiano de Madrid el Día Garcilaso, en homenaje al poeta renacentista toledano Garcilaso de la Vega (c. 1501-1536), por el día de su fallecimiento el 13 o 14 de octubre en Niza, a consecuencia de las heridas que sufrió en el asalto a una fortaleza de Provenza, cuando el 19 de septiembre de aquel año fue herido en Le Muy durante la retirada del cerco de Marsella. 


Garcilaso de la Vega fue uno de los principales representantes del Siglo de Oro Español y entre su producción literaria destacaron las Églogas. Personificó el ideal renacentista de la unión de las armas y las letras por su vertiente de escritor, poeta y militar, estando al servicio del emperador Carlos V, a quien sirvió como contino y maestre de campo del ejército imperial.

Era miembro de una familia de la alta nobleza castellana, emparentada con los Mendoza y con el marqués de Santillana. Su padre fue Garci Lasso de la Vega -comendador mayor de León-, su madre, Sancha de Guzmán y sus tres hermanos fueron Leonor, Pedro Lasso y Fernando. En 1525 contrajo matrimonio con doña Elena de Zúñiga -dama de doña Leonor de Austria -hermana de Carlos V- y tuvo cinco hijos: Garcilaso de la Vega, Íñigo de Zúñiga, Pedro de Guzmán, Francisco de Guzmán y Sancha de Guzmán. 

En 1523 fue nombrado caballero de la Orden de Santiago y más tarde, regidor de Toledo. Tras su muerte en Niza, su esposa trasladó sus restos a Toledo y los depositó en el sepulcro de la Capilla del Rosario de la iglesia de San Pedro Mártir.

El homenaje Renacen, presentado por Jesús Román, ha realizado un recorrido poético y musical desde el Renacimiento a la Generación del 27, reuniendo a poetas, escritores, periodistas, actores y músicos en un extraordinario elenco. 

En el marco histórico han intervenido las escritoras Almudena de Arteaga -duquesa del Infantado- y María Cicuéndez, y la historiadora Gema Lendoiro. La música y la canción fueron interpretadas por la solista Sara Águeda y su arpa española, la mezzosoprano Andrea Castro y la guitarra de Ana Sánchez Huéscar, que acompañaron a un conjunto de poetas y actores: Alfonso Brezmes, Raquel Vázquez, Pedro G. Chaín, Nerea González, Alberto Morate, Teresa Cobos, Cristina Talaverano y Francisco Tinahones.

El Festival Renacen, en su sesión de otoño (octubre-noviembre de 2026) organiza tres espectáculos más en el Museo Lázaro Galdiano: "El Cancionero de Palacio" -23 de octubre-, "El Cid" -6 de noviembre- y el concierto "Catalina" -el 13 de noviembre-.

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11 de octubre de 2026

Retratar el mestizaje: las series de castas en la América del siglo XVIII

La Dirección General de Cultura e Industrias Creativas de la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid está presentando hasta el próximo 8 de diciembre en la Casa Museo Lope de Vega, la exposición Retratar el Mestizaje: las series de castas en la América del siglo XVIII, comisariada por Carmen Rodríguez de Tembleque. En ella se presenta una selección de obras de pintura de castas, un género que nació y se desarrolló en América en el siglo XVIII.

Las series de castas fueron un tema pictórico representado especialmente en el virreinato de Nueva España y, en menor número, en el del Perú. Son una especie de galería de retratos idealizados y estereotipados, mostrando la diversidad de la sociedad virreinal. Estas series pictóricas combinaban figuras, escenas cotidianas, paisajes, bodegones y retratos, géneros que hasta entonces se habían desarrollado por separado. Se organizaban generalmente en dieciséis cuadros, representando las uniones entre españoles, africanos e indígenas mediante parejas con un hijo y llevan rótulos que identifican cada unión y detalles de frutos, animales, objetos e indumentaria que describen sus costumbres.


Estas imágenes forman parte de una tradición visual que se inició con los primeros contactos entre Europa y América. Las crónicas, los relatos y los grabados difundieron prototipos del continente americano y de sus habitantes, que fueron después reinterpretados a ambos lados del Atlántico con un afán ilustrado por conocer y clasificar. Surgieron en el contexto de las reformas borbónicas, la difusión de nuevos saberes y el fortalecimiento de la conciencia criolla, desapareciendo a comienzos del siglo XIX con los procesos de independencia.

En España se conserva, principalmente en el Museo de América, una colección de pinturas de castas que ofrecen una imagen de la sociedad virreinal, aunque no sea un retrato fiel de la misma. En realidad reúnen ideas, saberes y prejuicios convertidos en estereotipos visuales, que se fueron formando desde los primeros contactos entre los dos continentes y se difundieron en libros, crónicas, relatos de viajes e imágenes. Esos discursos religiosos, políticos y sociales respondieron a las circunstancias de cada momento.


Estas pinturas no son interesantes únicamente por lo que muestran, sino también por su calidad artística. En ellas se ven distintas formas de componer y pintar personas, casas, objetos y escenas de la vida cotidiana. Las realizaron pintores famosos y también artistas anónimos, que juntos dieron a este género un estilo propio. Además, nos hacen cuestionarnos para qué servían, quién las encargaba, por dónde circularon y cómo han llegado hasta hoy. Gracias a ellas podemos conocer mejor la compleja sociedad de la época y entender cómo se veía a sí misma y cómo la veían desde Europa. 

La exposición presenta una selección de obras de los pintores  Miguel Cabrera (Indios gentiles, 1763), José de Ibarra (De mestizo y española, castizo, c. 1725), Juan Rodríguez Juárez (Indios mexicanos, c. 1715), Luis Berrueco (Castas, 1750-1800), Autor anónimo (Serie de pintura de castas, 1775-1800), Luis de Mena (Escena de castas con la Virgen de Guadalupe, c. 1750), Ignacio María Barreda y Ordóñez (Castas de la Nueva España, 1777), Manuel Arellano (Mujer chichimeca, 1711 y Hombre chichimeca, 1711), además de comentar la obra de los pintores José de Páez y José Joaquín Magón.

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8 de octubre de 2026

Arte y Misericordia. El barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid

El Centro Conde Duque de Madrid presenta hasta el 28 de noviembre la magnífica exposición Arte y Misericordia. El barroco de la Santa Caridad de Sevilla en Madrid, gracias a la colaboración entre la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla, Afundación-Obra Social Abanca y el Ayuntamiento de Madrid. La exposición reúne una serie de pinturas y esculturas del Hospital de la Santa Caridad y de la Iglesia del Señor San Jorge de Sevilla. 

La Hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo se situó en la iglesia-hospital del Señor San Jorge, extramuros de la ciudad de Sevilla. Fue fundada a mediados del siglo XV, teniendo como misión enterrar a los muertos sin sepultura, recoger los restos de los ajusticiados y acompañar a los condenados. Su gran refundador fue Miguel Mañara Vicentelo de Leca (1627-1679), un aristócrata nacido en Sevilla, en el seno de una familia noble y acaudalada. Mañara heredó un importante mayorazgo, fue caballero veinticuatro de la ciudad y caballero de la Orden de Calatrava, representando el ideal nobiliario de su época en los conceptos que confluían en su persona: honor, linaje, riqueza y prestigio público.

A lo largo de su vida, Miguel Mañara perdió a sus hermanos mayores, a sus padres y a su esposa sin dejar descendencia y estas pérdidas provocaron en su interior una transformación radical, que causó su ruptura con su vida licenciosa. En diciembre de 1662 ingresó en la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla y al año siguiente fue elegido Hermano Mayor. En un mundo nobiliario basado en la distancia y la jerarquía, Mañara exigió a sus hermanos tocar, cargar, lavar y besar al pobre, pidiendo él mismo limosna por las calles para enterrar a los necesitados. Dedicó su fortuna y posición social al servicio de la obra: un hospicio, la iglesia de San Jorge y una enfermería. Su gran legado fue la entrega a los más necesitados desde su posición nobiliaria, un legado que sigue vivo en el hospital, hoy casa hogar para personas mayores sin recursos ni familia.


Para decorar la iglesia, Mañara diseñó un programa artístico sobre la muerte, la salvación y las obras de misericordia, actuando como mecenas al reunir a los mejores artistas de su tiempo. La exposición que ahora se muestra en el centro cultural Conde Duque presenta una serie de piezas de Juan de Valdés Leal, Bartolomé Esteban Murillo y Pedro Roldán.

El recorrido de la exposición comienza con el Retrato de Miguel Mañara, de Juan de Valdés Leal (1683), encargado por la Hermandad de la Santa Caridad cuatro años después de la muerte de Mañara. Se trata de una imagen póstuma que pudo tener como modelo su máscara funeraria que guarda la Hermandad. Continúa con otras obras de gran formato del mismo pintor que representan la muerte, tituladas In ictu oculi (c. 1671-1672) y Finis gloriae mundi (c. 1671-1672)

Mañara encargó a Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682), que había ingresado en la Hermandad en 1665, una serie de cuadros sobre las obras de misericordia, que fueron pintadas por él entre 1666 y 1670 para ser guía y modelo de conducta para que los miembros de la Hermandad lograran la salvación de sus almas. 

Debido a la confiscación de obras que realizó el Mariscal Soult en 1810, durante la invasión napoleónica, este conjunto se separó: cuatro de ellas pueden todavía contemplarse en los muros de la iglesia y ahora en la exposición, que son las tituladas Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos (c. 1672), San Juan de Dios curando a un enfermo (c. 1673), La multiplicación de los panes y los peces (c. 1669-1670) y Moisés y la roca de Horeb (c. 1669-1670), pero las otras cuatro pinturas se encuentran expuestas en museos extranjeros. En la exposición se muestran también otras obras de Murillo, que son La Encarnación, pintada hacia 1670 y las tituladas Niño Jesús Salvador y San Juanito, pintadas hacia 1671.

Otras obras expuestas son varias esculturas que Pedro Roldán (1624-1699) realizó para el retablo mayor del Hospital de la Caridad, que está presidido por la escena del entierro de Cristo y se presenta como la obra de misericordia de enterrar a los muertos, misión de la Hermandad desde su fundación.  Son las esculturas de La Virgen de la Caridad, de comienzos del siglo XVI, San Roque (c. 1673-1674) y el Santo Cristo de la Caridad (1673-1674).

La presentación de esta exposición ha sido posible por una circunstancia excepcional: a finales del año 2024, tras casi dos de grietas y desprendimientos, la iglesia tuvo que ser cerrada para una emprender una restauración integral desde los cimientos hasta la cúpula y gracias a ello muchas de estas obras han salido de Sevilla por primera vez en trescientos años.

Más información sobre esta imperdible exposición en este enlace.


5 de octubre de 2026

Madrid en el Siglo de Oro. Crisol de destinos y desembarco de genios

El pasado 29 de septiembre, la Comunidad de Madrid ha inaugurado la exposición "Madrid en el Siglo de Oro. Crisol de destinos y desembarco de genios", comisariada por Carmen Sanz Ayán, con la colaboración de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando donde se está presentando hasta el próximo 2 de diciembre.

Comienza con una introducción sobre el esplendor cultural, artístico y literario que acompañó el apogeo de la monarquía hispánica en los siglos XVI y XVII. Madrid fue la artífice y el centro de esa explosión creativa del Siglo de Oro: desde que Felipe II instaló allí la corte en 1561, la villa atrajo a nobles, banqueros, hombres de negocios, artistas y escritores que buscaban el favor de los poderosos. Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, Calderón de la Barca y muchos otros pasaron por sus calles que conservan su recuerdo en el Barrio de las Letras. El Quijote se publicó en la corte en 1605, los corrales de comedias de la Cruz y del Príncipe renovaron el teatro europeo y Velázquez llegó a ser pintor de Felipe IV. En Madrid se construyeron numerosos palacios y lugares de encuentro como la Plaza Mayor y fue el centro del mercado del arte, creándose las colecciones reales que hoy conforman el Museo del Prado y otros centros artísticos. 

La exposición se desarrolla a lo largo de otras cinco secciones, exponiendo diferentes aspectos de la historia de Madrid en la época. La segunda sección presenta cómo durante el Siglo de Oro, Madrid se convirtió en sede de la corte de los Austrias y en el centro de gobierno de una monarquía con extensos territorios en Europa, América y Asia. Fue el centro de atracción de gentes de orígenes y condiciones muy diversos, que trataban de prosperar en la política, las finanzas, el comercio, el ejército, la diplomacia y la cultura. Los sitios reales de Aranjuez, El Escorial, El Pardo y La Zarzuela, que todavía conservan su esplendor, servían de residencias de temporada y las grandes decisiones del imperio se adoptaban en los palacios y en las covachuelas del Alcázar, donde la política se mezclaba con el ocio, la tradición y la religión.


La sección III presenta la economía como base del poder internacional de la monarquía hispánica. La corona creó una red económica mundial cuyo centro estaba en Madrid, lugar donde llegaban y desde donde se distribuían las riquezas. La Carrera de Indias y el Galeón de Manila movieron mercancías, capitales, personas e ideas por todo el planeta, pero las guerras exigieron cada vez más crédito, produciendo bancarrotas y una mayor presión fiscal. Este sistema fue gestionado por banqueros de orígenes muy diversos, genoveses, alemanes y portugueses, que pretendían ascender socialmente por su servicio al rey.

Un nuevo apartado presenta cómo en el Siglo de Oro, Madrid atrajo a escritores, artistas, ingenieros y científicos que buscaban triunfar en la corte. El teatro comercial encontró éxito en los corrales de comedias, primero en espacios provisionales como La Pacheca y después en los teatros permanentes de la Cruz y del Príncipe. Tanto el teatro popular como el cortesano, el profano como el religioso, combinaba técnicas novedosas y se convirtió en un espectáculo de gran éxito y en una poderosa herramienta de influencia social, política y religiosa. Además, cumplía una función benéfica, por crearse en ellos cofradías para atender a mujeres pobres y enfermas y también a niños huérfanos. La recaudación obtenida por la venta de entradas financiaba hospitales, creando un modelo que se extendió por toda la monarquía.

La quinta sección  trata de las fiestas de Madrid en esta época, que mezclaban ocio, religión y política, reflejando tanto la cultura popular como la de las élites. En las celebraciones, la comida tenía un papel destacado y algunos platos todavía forman parte de la tradición madrileña. Las fiestas cortesanas, que además de divertir transmitían mensajes políticos y reforzaban la imagen de la monarquía, acabaron celebrándose en la calle e influyeron en la cultura popular. Los toros eran también un entretenimiento de primer orden y reflejaban la jerarquía social, siguiendo un protocolo estricto pero bullicioso.

Para finalizar, esta exposición nos recuerda que el Siglo de Oro se ha convertido en un símbolo cultural universal. Sus propios protagonistas eran conscientes de que estaban viviendo una época excepcional pero siglos después, la Generación del 27 reivindicó su legado. Más tarde, grandes literatos como Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa reconocieron la profunda influencia de este periodo cultural en sus obras y Alejo Carpentier señaló al Siglo de Oro como una de las raíces imprescindibles del movimiento artístico y literario conocido como Realismo Mágico.

Más información sobre la exposición en este enlace.